Proceso de fabricación del calzado. ¿Cómo se hacen los zapatos?

El calzado ha sido y es parte de nuestra vida y nuestra vestimenta desde tiempos remotos. Desde su inicio hasta ahora han sido una parte importante para nuestros pies ya que tienen las propiedades que nos aportan resistencia, estabilidad y protección. Por suerte, desde los primeros zapatos que se utilizaban, que eran más bien una especie de bolsas para pies, se ha avanzado mucho. Pero, ¿cómo se fabrican los zapatos?

Todos los zapatos cuentan con diferentes partes. La primera, una parte superior que es flexible y que suele estar elaborada de cuero, plástico, fieltro o tela, entre otros materiales. Esta pieza termina de forma más o menos cerrada en el empeine y se une con la otra parte del zapato: la suela. Este elemento es mucho más pesado ya que y resistente ya que es el que soporta el impacto directo con el suelo y en el que apoyamos todo nuestro peso.

El proceso de fabricación de calzado es más o menos similar en todas las fábricas o talleres. Sin embargo, los zapatos de marca o de mayor calidad se elaboran mediante un proceso de alta producción teniendo en cuenta como factor vital la calidad de materiales y el cuidado en cada paso. Las marcas de calzado de mayor renombre se encuentran en Europa, principalmente, Italia, España e Inglaterra. Estas marcas prefieren aportar un valor añadido con un proceso más artesanal y, así, marcar la diferencia. ¿Cuál es este proceso?

El proceso de producción de cualquier zapato consta de seis fases: diseño,  patronaje, corte, aparado, montado y acabado. Por eso, antes de comenzar a dar cualquier paso, es indispensable realizar el diseño y patronaje del zapato. Igual que en cualquier otro ámbito, no podemos empezar a fabricar o crear algo sin un boceto o esquema que resuma el trabajo que vamos a realizar.

Vamos con el molde

Una vez tengamos el diseño del zapato, debemos hacer un molde que puede ser de hierro, plástico y otro material. Antiguamente estos moldes se hacían a mano de forma artesanal, siguiendo esos patrones mencionados anteriormente. A día de hoy se utilizan las nuevas tecnologías para fabricar estos moldes y ahorrar tiempo. Así, se consiguen prototipos de horma que se adaptan a la ergonomía del movimiento del pie que, junto a las formas y materiales adecuados, ayudan a crear zapatos de mayor calidad.

Seleccionar y cortar el material

Es el momento de seleccionar con cuidado el material de cada una de las piezas del calzado. Estos materiales pueden ser lona, cuero, piel natural, piel sintética… Antiguamente, el artesano zapatero cortaba manualmente cada pieza. Escogía y seleccionaba minuciosamente la parte de la hoja de piel que convenía más para cada pieza. Además, debía tener en cuenta la dirección en la que se extendía la piel para cortar de forma longitudinal o transversal.

Es decir, este paso era uno de los factores clave a la hora de fabricar un zapato. Si la piel no no era de calidad o se cometía algún error a la hora de cortarla, el calzado podría perder su solidez. Al contrario, si se realizaba el trabajo con minuciosidad, contribuía de forma sustancial a su belleza y robustez.

Proceso de cosido

Las piezas de piel se agrupan por talla, se colocan y se marcan las guías para saber dónde irán las costuras. El proceso de cosido varía en función del material. El cuero es más duro que la tela por lo que pueden llegar a usarse dos agujas para facilitar el proceso. Las partes que vamos a preparar son el empeine, lengüeta, talón, palas y el forro interior. Es importante unir estas piezas de forma firme y con cuidado ya que marcarán la durabilidad y la belleza del resultado final.

Existen diferentes formas de unir estas piezas como el cosido convencional, el cosido blake, san crispino, cosido guante… Todas ellas tienen algo en común. Se utilizan máquinas de coser especiales para piel que aportan un resultado resistente pero limpio y cuidado. En este paso se montan todas las piezas superiores del calzado y se le da forma tridimensional.

Unión con la suela

En este paso, se ensambla, se monta y se realiza el acabado del calzado. Se coloca el molde tridimensional del paso anterior en la horma y se cosen los lados y se monta el talón. Es importante que en este paso se revise si hay algún sobrante de piel por algún lado y se rebaje con una cuchilla o se lije para que no quede ningún defecto que afecte a la comodidad del zapato.

Una vez unido el talón y cortada toda la piel sobrante, se pasa por los hornos para estabilizar la horma. Este paso es de gran importancia ya que mantiene unidas todas las piezas de distintos materiales. Es decir, aquí es donde se decide la durabilidad del producto final.

Es el momento de añadirle la suela. El primer paso es encolar ambas partes con adhesivo especial. Existen distintos tipos que se usarán en función del material de la suela y de piel que se haya usado. Independientemente del tipo, el adhesivo se aplica sobre las dos partes, se deja secar y se realiza la unión de ambas piezas. Una vez colocadas ambas piezas, se fija el pegamento con calor para aportar mayor resistencia al zapato y se prensa.

Proceso de cosido de la suela

En otro tipo de calzados, este paso se salta. Sin embargo, en aquellos zapatos de calidad superior, es un proceso indispensable ya que marca la diferencia de durabilidad. Existen diferentes tipos de cosido que, además de aportar mayor resistencia, añaden un toque distintivo. El cosido puede hacerse en el interior del zapato para lograr un diseño más limpio. Sin embargo, en este tipo de costuras se utilizan una plantilla entre la suela y la parte superior del calzado por lo que el resultado es menos flexible. Todo depende del tipo de zapato que queramos al final.

Revisión del calzado y acabado final

Llega el paso final. Una vez hemos unido todas las piezas y cosido la suela, se colocan todos los pares de zapatos por tallas. Se observa cada par de forma minuciosa para ver si alguno de ellos tiene algún defecto. Si este defecto se puede solucionar, este és el momento. Sin embargo, puede que tengamos que desecharlo.

Una vez nos hayamos cerciorado de que la calidad de cada uno de los zapatos es la que queremos y que ninguno de ellos tiene ningún defecto, es el momento de juntarlos por pares. Es decir, una zapato para cada pie para cada talla. En este paso se cuida que los zapatos que se elijan para cada pareja sean similares en cuanto a textura, tonalidad y dibujo. Al ser de piel natural, cada uno de los zapatos tendrá ciertas características marcadas por la piel de origen. Por eso, se intenta encontrar ese par que sea lo más parecido posible.

La mayor parte del trabajo está hecho, solo queda pulir los detalles. Es el momento de limpiar los zapatos para retirar residuos de adhesivo, lijar bien los bordes o aplicar tintes especiales. Si el zapato es de cuero, toca darle brillo para sacarle todo el potencial y que luzcan perfectos. Se pueden utilizar cremas a base de cera u otros productos que le aporten otras capacidades como la impermeabilidad.

Es importante aclarar que este es un proceso general. Cada fabricante tiene sus mecanismos que han ido perfeccionando a lo largo del tiempo a base de experiencia. Cada vez es más difícil encontrar procesos tan artesanales cuyo producto final sea de tan alta calidad. El proceso de fabricación es lo que marca la diferencia en cuanto a calidad. Por eso, es importante conocer cómo se fabrican los zapatos para poder elegir con inteligencia.